viernes, 28 de enero de 2011

DOS PARÁBOLAS PARA EL MISMO SEMBRADOR

“Oíd: He aquí el sembrador salió a sembrar.; y al sembrar aconteció que una parte cayó junto al camino, y vinieron las aves del cielo y la comieron. Otra parte cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra, y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra. Pero salido el sol, se quemó, y porque no tenía raíz, se secó.
Otra parte cayó entre espinos, y los espinos crecieron y la ahogaron, y no dio fruto. Pero otra parte cayó en buena tierra, y dio fruto, pues brotó y creció, y produjo a treinta, a sesenta, y a ciento por uno”. (Marcos 4, 3-8).

“Oid: He aquí el sembrador salió a sembrar, y al sembrar aconteció que una parte de las semillas cayó junto al camino, y vinieron las aves metálicas del cielo y dejaron caer sus excrementos misílicos mutilando cualquier posibilidad de trascender, y las destruyeron. Otra parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra, y brotó pronto, pero bastó que los primeros rayos de sol se posaran suavemente sobre esa tierra para que las minas antipersonales, colocadas por el miedo a las propias sombras, estallaran aumentando el pedregal, y las destruyeron. Otra parte cayó entre espinos, y los egoístas espinos, los pedófilos espinos, los insensibles espinos, los sádicos espinos no compartieron ni su tierra ni su agua ni su aire, y las destruyeron. Pero otra parte cayó en buena tierra y empezó a dar fruto. Pero esa tierra estaba destinada por sus dueños para ser tierra de construcción de aves metálicas del cielo que dejaban caer sus excrementos misílicos; para ser tierra de la fabricación de minas antipersonales que les bastaba ser tocadas suavemente por los rayos del sol para que estallaran y aumentaran los pedregales; para ser tierra de clonación de los marciales y uniformados espinos que, en esa misma tierra, fueron instruidos por los dueños de la tierra para que hicieran abortar el fruto y siguiera siendo tierra de los sin semilla y tierra de los sin mañanas”. (Patricio 1, 2-9).


(Del libro inédito "Relatos en proceso de santificación"
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jueves, 27 de enero de 2011

JUGLARES DE LA FE: La religión en las esquinas

Mientras en Iquique el estruendo de los fogonazos del famoso Combate Naval de 1879, silenciaba la prédica católica divina ante las atrocidades de una guerra, por otro puerto, por Valparaíso, la voz de Martín Lutero, se hacía escuchar, fuerte, potente, a través de la recién fundada porteña “Alianza Evangélica de Londres”, coordinadora de las acciones de evangelización en todo el planeta.

Las llamadas Iglesias Evangélicas se dividen en dos grandes corrientes. Por un lado, la histórica, de la vertiente directa de la reforma de Lutero del siglo XVI y, por otro, la Pentecostal, criolla, mestiza, nacida en nuestro país y que representa, prácticamente, el 90% de los evangélicos de Chile.

A esa corriente pertenecen los llamados “canutos”, conocidos así por el apellido de un destacado predicador evangélico español, Juan Bautista Canut, que tuvo la destacada visión de incorporar rasgos de parte de la cultura nacional a la religión evangélica.

No existe esquina que no haya sido visitada, ni camino recorrido, ni domingo que no haya sido predicado por hombres y mujeres, transformados en juglares de la fe, anunciando su buena nueva a los sordos de corazón, a los ciegos de mente, a los mudos de razón...


Porque los “canutos” creen en la acción directa del Espíritu Santo y en los dones mencionados en el Nuevo Testamento, especialmente en Corintios, que ilumina sobre la palabra de sabiduría, el conocimiento, la sanación, la profecía, el discernimiento... y, sin ninguna duda, son la manifestación visual y auditiva de ello...


La ya mencionada destacada visión de Juan Bautista Canut de incorporar elementos culturales nacionales a la práctica y la prédica pentecostal se manifiesta, abiertamente, en el norte de Chile, con la inclusión de instrumentos musicales que recuerdan, de una u otra forma, las antiguas orquestas precordilleranas.

Allí están, compartiendo la estructura mesiánica de los discursos andino y evangélico, mandolinas, bandurrias, acordeones, violines, guitarras, banjos, panderos y bombos. Las sonoras y marciales melodías de los cánticos religiosos, interpretadas con voces al unísono, no escapan, tampoco, al canto más agudo, en afinación de “octava arriba” –como diría un músico- característico de los cantos andinos femeninos.

Quizás sea esta amalgama inédita, este encontrar parte de lo propio extraviado y encontrado en los cultos de las iglesias evangélicas, los que hacen que gran cantidad de hombres y mujeres, con clara y marcada ascendencia aymara, se sientan interpretados por el discurso y la práctica de los pentecostales. Seguramente porque al interior de ellas se manifiesta también la reciprocidad y la austeridad.

Se podrá compartir o rechazar la devoción evangélica. Se les podrá peyorizar como “canutos”, podrán ser objeto de mofas y burlas por su formalidad y pulcritud para vestir y predicar... pero su voz, como aquella de la reforma luterana del siglo XVI, como aquella de 1879 en Valparaíso, sigue sonando fuerte, muy fuerte, en cada esquina, en cada calle, paso a paso, palabra a palabra, canto a canto... por algo son “los dueños absolutos de la palabra de sabiduría, el conocimiento, la sanación, la profecía, y el discernimiento...”

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miércoles, 26 de enero de 2011

CLIENTELISMO POLÍTICO

"Visión antropológica del clientelismo político en la región de Tarapacá período 1970-2005"
(Extracto de trabajo para la Carrera de Antropología Sociocultural, Universidad Arturo Prat, Sede Central Iquique, 2005)
F. Patricio Barrios Alday

Resumen
El presente trabajo aborda, desde distintas perspectivas, situaciones en la Región de Tarapacá, Chile, en el período comprendido en los años 1970 y 2005 que, visibilizadas o invisibilizadas, aparecen como prácticas clientelísticas, en la esfera de lo público y lo privado, afectando no sólo el funcionamiento del aparato estatal centralizado, sino fundamental y directamente, el comportamiento ciudadano, sus prácticas sociales, la cotidianeidad y las formas de ejercicio de poder al interior de sus organizaciones de base, construyendo riesgosas relaciones de dependencia para el fortalecimiento y culminación del proceso de transición democrática postdictadura.

Abstract
This work is about situations presented in Tarapacá Region, Chile, in different prospects, embracing the 70’s to 2005 period. This situations with visibility or not, gets to know like politics practices as public as private in which, even, It consider people as politic clients. Here, were affected the organization that represents the government of this region and the citizenship, as in their social practice, in their day to day as their behaviors inside of their basic or fundamental organizations. During this period, as it was mentioned before, was caused about the end the process of dictatorship and starting from this situation generated by dangerous relationship of dependency, which could attempts to the process post dictatorship and supporting the resolution of the previous process.

1. INTRODUCCIÓN
1.1. Clientelismo político

“El clientelismo político es un modo de vinculación política entre un patrón y un cliente, construido sobre la base de transacciones asimétricas, donde el primero controla importantes recursos de poder y garantiza, como un “guardián”, el acceso a ellos de su clientela a cambio de lealtad y apoyo político ”. Esta clara definición de Rehren, nos permite concebir, entonces, lo político clientelístico como una relación en desequilibrio que se desarrolla entre individuos con diferentes grados de poder y status socioeconómico en una sociedad claramente estratificada, estructurándose la aparición de ciertas prácticas de beneficios directos, individuales, personales, colindantes con los llamados “pagos de favores políticos” y favorecimiento explícito a sectores específicos de la ciudadanía, a cambio de apoyo y respaldo, fundamentalmente en procesos preelectorales, hacia quienes detentan ciertos grados de poder y posición de privilegio en el aparato político y/o administrativo.
Esta relación de desequilibrio, de asimetría, se construye sobre la base de mantenimiento del poder, por un lado y, por otro, en la necesidad de una forma particular de movilidad social (y consecución fácil de servicios) en una sociedad altamente competitiva y desestructurada colectivamente.

1.2. Clientelismo y poder
Entonces, para analizar el clientelismo político, en general, y de Tarapacá, en particular, es insoslayable referirse al tema del poder, como construcción de asimetría y desequilibrio. Pero no se puede reducir, exclusivamente, al tema del Estado o al aparato político en sí mismo, toda vez que para su existencia, precisa de relaciones subyacentes, microrelacionales, que se reproducen en esferas superiores. El poder, como dice Foucault , se estructura en base a otros poderes, a otras formas de dominación. Para que exista precisa de condicionantes que son el sustrato en el cual se afianza. Por un lado, el “contrato”, forma de “opresión” de tipo jurídico, que dice relación con la legalidad y la legitimidad, y por otra parte, la “dominación” tipo de “represión” en directa relación con la “sumisión”. Esta perspectiva foucaultiana ejemplifica con las relaciones hombre y mujer, maestro y alumno y con aquellas al interior de una familia –relaciones de autoridad- que no son proyección directa del poder del Estado. A este respecto nos dice: "El hombre no es el representante del Estado para la mujer. Para que el Estado funcione como funciona es necesario que haya del hombre a la mujer o del adulto al niño relaciones de dominación bien especificas que tienen su configuración propia y su relativa autonomía".

1.3. Clientelismo y democracia
Las relaciones de poder estructuradas en base a prácticas clientelísticas ponen en riesgo las democracias emergentes y/o los sistemas democráticos postdictaduras y sus procesos de transición –como el chileno- que enajenan la participación popular y arriesgan la credibilidad necesaria para su profundización y perfeccionamiento.
El concepto generalizado de democracia –y que se masificó en las luchas antidictatoriales de nuestro continente en las décadas de los 70’ y 80’- tiene directa relación con lo que plantea Bobbio respecto a que los regímenes democráticos son, ante todo, un conjunto de reglas de procedimiento para la formación de las decisiones colectivas, en las cuales está prevista y facilitada la participación mas amplia posible de los interesados, es decir, de los ciudadanos .
El incumplimiento de promesas y la prolongación de muchas de las leyes, acciones y actitudes de los regímenes autoritarios –aún en los llamados procesos democráticos de transición-, redundando en la imposibilidad de acceder a “los derechos colectivos perseguidos” y la negación de “la participación más amplia posible”, permite la aparición de ciertas acciones de beneficios directos, que, primero, ponen en duda la validez de la democracia como sistema; segundo, se desacredita la actividad política como instrumento de gobierno; tercero, se estructura una suerte de clientela que demanda ante una oferta posible de ser demandada; y, por último, se construye un camino por el cual fácilmente se inicia el tránsito a diversas formas de corrupción.

1.4. El clientelismo y las organizaciones de base
Esta situación –que podría parecer macro-continente o macro-país-, tiene profundas repercusiones en la cotidianeidad de las organizaciones de base que, permeadas por las prácticas de las estructuras superiores (y las relaciones de poder y autoridad en sus familias), enfrenta cambios sustanciales en sus relaciones internas, entre dirigidos y dirigentes, entre dirigentes y autoridades comunales, provinciales y regionales y, transforma, de una u otra forma, la plataforma de demandas y programas de trabajos particulares de cada sector.
Es en esta perspectiva, que se introducen, en el ejercicio de la democracia de base, los conceptos y prácticas de patrón/cliente y de oferta/demanda, colocando el tema de la conceptualización, la práctica del poder y del clientelismo político como elemento principal. A este respecto, y frente a la aparición de prácticas ligadas al nepotismo, cohecho y corrupción en los sistemas políticos y administrativos, el antropólogo González Alcantud , refiriéndose a España, pero que, fácilmente, se puede asimilar al caso chileno, plantea que “siendo el nuestro un país con poco apego a las ciencias sociales, y mucho menos a la hermenéutica sociológica, la polémica coyuntural existente en la arena pública, en lugar de de devenir hacia las profundidades de la teoría, puede fácilmente escorarse y ocultarse, una vez pasada la “tormenta” mediática, sin suponer ningún logro social de alcance, que permita ir más en el pensamiento y en las prácticas democráticas”.
En esa dirección, se estructuran y se fortalecen relaciones jerárquicas de poder y, por lo tanto, prácticas clientelísticas, contradiciendo lo que dice la norma jurídica nominal que establece la igualdad, en una suerte de desviación u ocultación de la democracia, impidiendo, de una u otra forma, la selección de líderes populares en las organizaciones y transformando los procesos democráticos de base en simples traspasos de cuotas de poder en la entrega de puestos y distribución de ingresos para aquellos que están disponibles en la defensa y apoyo de los que ostentan el poder y la autoridad.
Como plantea claramente Crevari : “El clientelismo, en forma análoga, aparece como la manifestación más frecuente y deplorable, acelerando aún más la espiral de descrédito del esquema de representación democrático. El clima subyacente presentado es la sospecha; la mayor parte de las conclusiones a las que se arriban apuntan a confirmar dicha posición”.

1.5. Formas de clientela política
De acuerdo a las características de los grupos y/o personas que se relacionan clientelarmente con los aparatos de poder político administrativo, en una clasificación propuesta por Crevari, podemos distinguir :

1.5.1. Clientelismo parroquialista:
En esta categoría se incluyen los individuos que desde la esfera de lo social son sujeto a necesidades de carácter primarias. En este ámbito, el intercambio puede darse a través de votos por prebenda directa, como alimentos, vestimenta, materiales de construcción, etc. La exclusión social y la resolución de urgencias básicas oficia aquí como un poderoso alimentador de estas relaciones clientelares.

1.5.2. Clientelismo de patronazgo
Las relaciones laborales y de consumo, constituyen aquí un insumo significativo para la reproducción de escenarios clientelares, que pueden darse entre caciques sindicales y trabajadores. También aquí pueden incluirse a los diferentes mecanismos informales de promoción de empleo público y favores personales, a cambio de votos, lealtad política y propensión a participar de actos de movilización asociados a la propia dinámica de la vida sindical. En relación a las relaciones comerciales y de consumo, como referencia familiar, la lógica del fiado y la libreta del almacén de ramos generales rural puede resultar un ejemplo elocuente de este tipo de clientelismo.

1.5.3. Clientelismo de aparato local
En esta categoría se incluyen las relaciones clientelares que tienen por objeto la construcción de dispositivos políticos de influencia territorial o de base organizativa, orientados a la administración de caudales electorales. La figura predominante en esta categoría son los punteros; individuos que a través de una intermediación entre el electorado y los líderes territoriales, adquieren protagonismo en relación al poder político y económico. La adhesión política pretende ser el resultado de una acción prebendaria directa. En este aspecto resulta frecuente la presentación de una situación híbrida: individuos que se comportan funcionalmente en el desarrollo del clientelismo local, y simultáneamente profesan un grado de mayor autonomía y conciencia crítica respecto al escenario político nacional, probablemente como consecuencia de la acción mediática.


1.5.4. Clientelismo comunitario
En esta categoría se incluyen a organizaciones sociales como asociaciones civiles, clubes, organizaciones no gubernamentales, organizaciones eclesiásticas, profesionales, etc., que frente a la búsqueda de determinadas prerrogativas o beneficios comunitarios, acuden ante los líderes políticos como representantes de un poder social que emana del conjunto de socios, adherentes, fieles, miembros, afiliados, subordinados, colegas, etc. Si bien los supuestos que movilizan a la acción, por parte de estos actores, suelen ser de aparente altruismo, la relación por lo general se halla mancillada por intereses sectoriales que no necesariamente se compadecen con los intereses colectivos y fundacionales, como por ejemplo determinadas decisiones que subsidien política o económicamente a una organización comunitaria determinada y los “retornos” que consecuentemente son percibidos por ciertos individuos participantes en la relación de intercambio.

1.5.5. Clientelismo de excepción
Si bien posee ciertas similitudes con la categoría anterior, en este caso la acción se produce fundamentalmente a partir de la búsqueda de un beneficio económico, a cambio de una supuesta representación de actores económicos medios, como por ejemplo instituciones educativas, religiosas, culturales comerciales, industriales, de servicios, de fomento, etc. Se intenta aquí eximirse, o bien de encuadrarse en situaciones más favorables, de obligaciones tributarias, o bien, de disposiciones formales que favorezcan la producción de determinados bienes o servicios. Un caso elocuente lo constituyen las excepciones a los Códigos de Planeamiento Urbano para favorecer la edificación irregular.

1.5.6. Clientelismo de distrito
Similar al clientelismo de aparato local, éste tiene por objeto la construcción de dispositivos electorales de más amplio alcance. Se constituyen por lo general, a partir de necesidades de ascenso político a nivel de distrito o provincial. En este caso los punteros son reemplazados por la figura del referente; dirigentes territoriales que con base en circuitos o circunscripciones electorales ofrecen apoyo político a cambio de favores dentro de las diferentes estructuras funcionales de las administraciones gubernamentales.

1.5.7. Clientelismo sectorial
En este caso se incluyen a los cuerpos directivos de federaciones, cámaras profesionales, sindicatos, organizaciones religiosas, ambientales, de ciertas agencias gubernamentales, etc. El objetivo, en este caso, se vincula con la posibilidad concreta de influenciar directa o indirectamente en las políticas sectoriales que los líderes políticos adoptan como programa o acción de gobierno. El intercambio se produce a partir de la promesa de brindar apoyo electoral o de cuadros técnicos, en tanto los líderes políticos respondan efectivamente con políticas funcionales para el sector en consideración. Esta modalidad posee gran relevancia en el diseño de políticas gubernamentales que, por su envergadura, se extienden más allá de las jurisdicciones local o provincial. Ciertas operaciones entre empresas de infraestructura o servicios y gobiernos, constituyen un ejemplo de ello.

1.5.8. Clientelismo corporativo
En esta categoría se incluyen al conjunto de relaciones clientelares entre los líderes políticos y representantes de las elites de grandes corporaciones nacionales o transnacionales financieras, industriales, de servicios, de medios de comunicación masivos, eclesiásticas, agropecuarias, etc, Al igual que en el caso del clientelismo de excepción, se persigue aquí un beneficio esencialmente económico a cambio de apoyo político y económico a los líderes políticos, que indirectamente se transforman en portavoces de demandas corporativas. En esta categoría se incluyen diferentes modalidades de financiación de la actividad política, en particular los aportes para campañas electorales de órbita nacional.

1.5.9. Clientelismo de contubernio
La denominación de esta categoría obedece al hecho de que se ponen en juego relaciones clientelares entre diferentes elites políticas discriminadas por su carácter territorial, como el caso de la relación entre gobernadores y Poder Ejecutivo Nacional. Del mismo modo, estas relaciones pueden darse en el seno parlamentario, o bien, entre determinados líderes políticos con elites de otras fuerzas políticas. También pueden incluirse aquí las relaciones entre líderes políticos y representantes diplomáticos, servicios de inteligencia, e incluso ciertas relaciones entre gobiernos.
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