jueves, 30 de julio de 2015

Algunos alcances sobre la política cultural que el país necesita desde el interés de sus regiones



Parece un titular adecuado para los tiempos actuales, para reflexionar, hoy, sobre las demandas y necesidades de los artistas y gestores culturales. Pero es un titular –como lo consigna la fecha- de abril de 1997 cuando, en mi condición de director del Departamento de Arte y Cultura de la Municipalidad de Arica, fui invitado a exponer en el “Tercer Encuentro de Universidades y Gobiernos Regionales: planificación, estrategias y desarrollos coordinados”, realizado en La Serena, los días 10 y 11 de abril de 1997, es decir, hace 18 años.
Hace 18 años luchábamos por un porcentaje de los fondos de desarrollo regional para el Arte y la Cultura; luchábamos por la creación de una institución separada del Ministerio de Educación. La primera demanda fue lograda. La segunda, en parte, porque si bien es cierto se creó el Consejo de la Cultura y las Artes, no lo es menos que es una entidad profundamente centralizada y centralista.
Aquí les dejo el texto completo de mi intervención –que fue publicada en un libro respaldado por la División de Educación Superior del Ministerio de Educación; el Ministerio de Planificación y Cooperación; y la Subsecretaría de Desarrollo Regional y Administrativo- para que retomemos la reflexión y revisemos si algo ha cambiado desde entonces.


Algunos alcances sobre la política cultural que el país necesita desde el interés de sus regiones
F. Patricio Barrios Alday
10 de abril de 1997



I. Introducción                          
“Aveserás hacia adelante- sintió que le decían.
Ahí estuvo largos tiempos. Más que estar, vivió, creció. Laminó sus élitros. Pulió sus vértices. Afinó sus cromados. Hizo pruebas de colores. Colores fijos. Colores reflectantes. Cambiantes según la estación, el lugar, el peligro. Se entrenó en la rapidez del cambio: de color, de olor, de rumbo, de ritmo. Ponderó las alternativas de carrocerías compactas o con chassis, para micro volantes, para macro volantes. Probó las salidas y entradas millones de millones de veces. ¿Parece mucho? Nunca es demasiado cuando se trata de la calidad de vida”.

Nos permitimos iniciar estos alcances sobre una política cultural necesaria para el país, desde el interés de sus regiones, de la misma forma en que iniciamos un artículo para la Revista Aisthesis, de la Facultad de Filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Chile, referente a la estética de la cultura folklórica, con una cita de la fábula ecológica de Fidel Sepúlveda Llanos, “Aventuras de Zoom, el Aveser”, pues -como decíamos entonces “contiene una serie de elementos (aunque parezca extraño) para el análisis que nos preocupa. Primero, el enfrentar la subjetividad, en todo su alcance y con todas sus limitantes, asumiendo potencialidades y debilidades. El reconocerse incompleto, no preparado, en evolución. Segundo, la necesidad de acumulación de experiencia propia, más allá de las referencias de otros. Probar lo probado, comprobar lo comprobado. Reencontrar. Recrear. Tercero, el asumirse, subjetiva y empíricamente, en la objetividad del cambio, de la evolutividad perenne del ambiente y de las cosas del ambiente, incluida en ellas, por supuesto, la condicionalidad humana. Y, por último, la necesidad del entrenamiento sistemático, metódico y permanente, para hacer uso de esta condicionalidad humana, en la perspectiva del razonamiento para el crecer-vivir”.         En la subjetividad  y en la objetividad, conceptos relacionados por oposición en primera instancia, pero totalmente complementarios, dada la dualidad permanente de la historia construida y asumida por el hombre, descansa la construcción de las escalas valóricas -en definitiva de su cultura-, de las comunidades, en particular, y de las sociedades en general.
La individualidad innegable del sujeto -lo subjetivo de su ser físico y biológico, los raciocinios propios-, es condicionada por la objetividad de la dimensión tiempo-espacio, que delimita su desarrollo y lo subordina a la tierra, al clima, a la acumulación de historia, a los procesos particulares de evolución social, a los conceptos cosmogónicos asumidos ideológicamente y a su interrelación con el medio y con los que habitan y existen en el medio. No vamos a descubrir hoy y en este momento los traspasos generacionales de conocimientos y la asimilación de hábitos, costumbres y comportamientos de individuos y comunidades, pero sí insistir en su importancia en la conformación de las identidades y de las idiosincrasias propias.

II. Identidad e idiosincrasia               
A este respecto, es preciso hacer las distancias necesarias entre los conceptos de identidad y de idiosincrasia que, desgraciadamente, en forma reiterada se utilizan como sinónimos para referirse a las características culturales del país. Así, se habla de una supuesta idiosincrasia del pueblo chileno, como una condición inamovible e históricamente mantenida desde las etnias primitivas. La Gran Enciclopedia Larousse, en su edición española de 1988, nos plantea que “identidad”, en términos filosóficos es la “característica de dos o más objetos de pensamiento, que, aunque son distintos por el modo de designación, por una determinación espacio temporal cualquiera, presentan exactamente las mismas propiedades”. Y en su acepción sicosociológica, nos dice que es la “conciencia que tiene un individuo de su pertenencia a uno o varios grupos sociales o a un territorio (país, ciudad, región, calle, etc.) y la significación emocional y valorativa que resulta de ello”.
En su primer significado nos habla de las individualidades, de las particularidades de sujetos determinados que, condicionados por tiempo y por espacio, comparten historia, comparten presente y comparten objetivos comunes, y en el segundo, nos determina la subjetividad ( la conciencia individual) subordinada al grado de conciencia colectiva, por pertenencia, por identificación voluntaria del asumir el grupo social en el que se desarrolla. Es decir, una presencia que trasciende lo particular para transformarse, en un dinamismo dialéctico, en presencia constante de característica grupal y/o social. La misma Enciclopedia, para explicitar el concepto de “idiosincrasia” (del griego idios, propio, y synkrasis, temperamento) nos dice que es el “temperamento o manera de ser que caracteriza a un individuo o a una colectividad”, y,  profundizando, nos afirma que es el “conjunto de características propias de un individuo y que condicionan su reactibilidad, tanto física como síquica, en condiciones normales y patológicas”. Aquí se nos habla de “temperamento” -situación circunstancial y no permanente- como una forma de acción-reacción, dependiendo de motivaciones externas no asumidas en el grado de conciencia. Por lo tanto, la idiosincrasia -en contrario de la identidad- puede ser variable y totalmente diferente en el transcurso del tiempo, dependiendo de condiciones objetivas que afectan al individuo y al grupo de individuos. La idiosincrasia que el pueblo de Chile -si podemos  hablar de un sólo pueblo, como trataremos de explicar en las próximas líneas- exhibía en 1810, con las luchas de la Independencia, no es la misma que sustenta hoy, a las puertas del siglo XXI. Su “reactibilidad” temperamental obedece a otros factores. Asimismo, la o las idiosincrasias del pueblo ruso no se mantienen iguales en la época zarista o en los años posteriores a la revolución bolchevique, o del pueblo francés de la era napoleónica y de la postguerra. La identidad, al alcanzar el grado de conciencia valórica y, por lo tanto, cultural, tiene una trascendencia mayor que rebalsa las condicionantes coyunturales. No significando, por ello, que no la afecten. Por el contrario, las asume como aportes a su constitución, asimilándolas y adaptándolas como elementos enriquecedores de su permanente evolución, sin transformarse totalmente.
Esta diferenciación que apuntamos, contribuye a una correcta conceptualización y  permite acercarnos a definiciones comunes, aportándolas al uso general y cotidiano para entender los procesos culturales y definir políticas acertadas de desarrollo para el país, sus regiones y sus comunas. Al mismo tiempo, al insistir en este distanciamiento de los supuestos y generalizados “sinónimos”, contribuye a poner en discusión y análisis los recurridos y “chauvinistas” conceptos de “identidad nacional” y de “idiosincrasia nacional”.

III. Identidad en la diversidad nacional                
La “loca geografía” con que Subercaseaux definió a nuestro país impide la explicitación de una identidad cultural común para todas las regiones, entendiendo que las identidades son la “conciencia que tiene un individuo de su pertenencia a uno o más grupos sociales o a un territorio”. Si bien es cierto, existe el territorio común, ese territorio no posee una historia común, un clima común, un paisaje común, una ascendencia étnica común, por lo que, a lo largo del país, se conforman identidades diferentes que se articulan en un concepto de nación compartido y defendido. Por lo tanto, la elaboración de políticas para desarrollos culturales nacionales, debe considerar como punto principal la diversidad en toda su magnitud, ya sea en su magnitud etnográfica y antropológica, además de las condicionantes generacional  y sexual. Etnográfica, en lo que se refiere a la puesta en valor de las diversas etnias que conforman las identidades nacionales, a lo largo y ancho del territorio, no sólo en términos de presencia histórica, sino, también, respecto a sus descendientes que habitan sus tierras tradicionales y los migrantes a los centros urbanos más desarrollados. Antropológica, en el sentido de los productos culturales, las estructuras sociales, las cosmovisiones, las interrelaciones con el medio, con los iguales y con los diferentes. En el sentido de estructuras sociales que se dinamizan con aportes culturales externos y que se potencian internalizándolas y transformándolas en propias. No siendo un problema propio de identidad cultural, debe asumirse la condicionante generacional,  en la perspectiva de satisfacción de intereses diversos marcados por la situación etaria de los sujetos y, sobretodo, por la velocidad de los acontecimientos técnicos, científicos y comunicacionales que estructuran una dinámica especial a los cambios, generando necesidades diversas no tradicionales que deben ser satisfechas de formas no tradicionales. También sexual, referida a la creciente participación activa de la mujer en el acontecer de la sociedad chilena y en la toma de decisiones. No impulsando políticas radicales feministas, pero rescatando su postergación histórica sin acceso igualitario al conocimiento, y asumiendo las políticas gubernamentales del Plan de Igualdad de Oportunidades.
La definición de políticas culturales pasa, obligadamente, por una amplia discusión con todos los sectores regionales interesados y no por una determinación centralista asumiendo una identidad única e indivisible de país. No se puede repetir la situación, como en el gobierno militar, de dictar un Decreto Presidencial para instituir una danza tradicional como danza nacional. Si la cueca es asumida como danza propia por todos y cada uno de los chilenos es un asunto de identidad cultural y no de determinación voluntarista de un grupo de personas que quiere hacer extensiva su propia identidad a otros individuos, otros grupos sociales, otras comunidades, al margen de sus propios intereses, de sus desarrollos culturales particulares, de sus condicionantes físicas, sicológicas e históricas. El problema de la identidad cultural conlleva la dimensión del “ser” y el “estar”. Se “está”, físicamente, en un lugar determinado, con características particulares, con historia propia, y se “es”, intelectualmente, en ese lugar, con presencia subjetiva y objetiva, con valor cognitivo y con conciencia valórica.

IV. La imitación y la creación: procesos de conformación y mantención de identidad
El enunciado aristotélico para la explicación de la dualidad en la creación artística, puede (y debe) ser ampliado a la conformación y mantención de identidad cultural, toda vez que las manifestaciones artísticas forman parte inherente de ella. La mimesis y la poiesis, la imitación y la creación, son los elementos fundamentales de estructuración de identidad. Generacionalmente, el niño actúa por imitación, manteniendo cánones aprendidos y aprehendidos, prolongando, así, la estabilidad y la durabilidad del andamiaje cultural de su grupo social, como una verdad inamovible y no discutible, alcanzando, casi, niveles de dogma. La Historia -y también el presente, no dudando que suceda, también en el futuro- nos da abundantes ejemplos de ingentes esfuerzos por prolongar, a través de las enseñanzas a los infantes, las estructuras sociales de un grupo determinado. Las sociedades estructuradas, por lógica de supervivencia, se transforman en conservadoras y mantenedoras del tejido social aceptado, por lo que la imitación se prolonga más allá de la infancia, ya no como un esquema de enseñanza-aprendizaje y de asimilación de conocimiento ya depurado -de obviedad inicial-, sino como una forma natural de autodefensa y prolongación de propiedad de la territorialidad y de la identidad. Esta misma sociedad conservadora, permite a alguno de sus miembros la posibilidad de renovar, de reinvertir, de reaccionar sobre puntos específicos de su devenir,  no poniendo en juego -en absoluto- las bases de su estructuración. Es el juego de la creación sobre hechos aceptados o, mejor dicho, de la recreación, permitiendo, así, la actualización, la interrelación con otras identidades, la modernización, e impidiendo el aislamiento o el anquilosamiento. El dinamismo de las identidades culturales obliga a la creación y recreación permanente, también como una forma de mantención y prolongación.

V. Propuestas para avanzar hacia la elaboración de políticas culturales, desde la perspectiva de las regiones, a la luz de las identidades, idiosincrasias y diversidad

1.            Desde la Identidad Cultural:
1.1.        Asumir la realidad de país policultural, con identidades regionales, comunales y locales diferentes, en consecuencia con sus potencialidades y debilidades.
1.2.        Respetar los procesos de acumulación de experiencia en la regiones, más allá de la de otros centros urbanos más desarrollados, asumiéndola como referencia importante, pero no como única vía.
1.3.        Incluir, a propósito de la Reforma Educacional y su extensión horaria, asignaturas vinculadas al tema de la identidad cultural: arqueología de la región, antropología básica, etnoestética, turismo cultural, etc.
1.4.        Propender -sin desconocer la universalidad que debe tener toda creación artística-, a que los artistas regionales produzcan sus obras desde su propia realidad de identidad, creando organismos como corporaciones y/o fundaciones que coadyuven a los diversos estamentos administrativos en la función del desarrollo cultural.
1.5.        Insistir, desde la legalidad vigente, para que los municipios cumplan con el mandato de la Ley Orgánica de Municipalidades que, en su artículo primero, les reconoce como organismo que debe “propender al desarrollo econ—mico, social y cultural de su comuna”, entendiendo que los parámetros a utilizar para dichos desarrollos tienen que ver, directamente, con sus realidades, sus potencialidades, sus debilidades y su historia, todos elementos que conforman identidad cultural.
1.6.        Proponer al Consejo de Rectores la inclusión de un crédito electivo en las Universidades chilenas que tenga relación con el tema de la identidad cultural, no sólo en las carreras de pedagogías o carreras humanistas, sino en todas las que ofrecen las universidades, como una forma de rescatar a esos centros de estudios como protagonistas del quehacer cultural de su región.

2.            Desde el aparato administrativo:
2.1.        Asumir la conformación de los Consejos Regionales de Cultura, impulsados por la Subsecretaría de Desarrollo Regional y Administrativo, como un organismo asesor de los Gobiernos Regionales, Éstos -más allá de cualquier otra consideración- deben estar constituidos por personas absolutamente representativas de las comunas que forman parte de la región, siendo capaces de racionalizar y conceptualizar la situación de identidad particular que les compete.
2.2.        Descentralizar -siempre y cuando el punto anterior se asuma en toda su dimensión- los fondos gubernamentales destinados al desarrollo de las artes y la cultura (FONDART, Fondo Nacional del Libro y la Lectura, Ministerio Secretaría General de Gobierno, etc.).
2.3.        Articulación, a través de la Asociación Chilena de Municipalidades, de los estamentos culturales de los distintos municipios, con el fin de coordinar políticas comunales de desarrollo artístico y cultural, en la perspectiva de sentar bases concretas para la definición de una política nacional.
2.4.        Rescatar del movimiento de Reforma Universitaria de 1968 los tres lineamientos básicos del accionar de las universidades chilenas y proponer al Consejo de Rectores su implementación práctica, más allá de los enunciados teóricos: la investigación, la docencia y la extensión.
2.5.        Tender a la objetivización de los concursos a cargos de administradores de cultura, tanto gubernamentales como municipales, optando a la optimización de los recursos humanos y financieros.
2.6.        Generar Talleres de Formación y Especialización en gestión administrativa y producción cultural, persiguiendo la profesionalización de los gestores culturales.
2.7.        Crear los espacios y las condiciones adecuadas, accediendo a fondos específicos para la construcción, recuperación, readecuación y restauración de recintos apropiados para el desarrollo de las artes y la cultura: Escuelas y Liceos Artísticos, teatros, casas de la cultura, salones multiusos, salas de talleres, etc.


VI. Conclusión                           

El cambio sustancial en las condiciones y en la elaboración de productos artísticos y culturales en algunas ciudades del país, asumiendo los conceptos vertidos en este trabajo, permiten augurar que, generando las condiciones objetivas, a través de la organización, de la capacitación, del respeto a la identidad, de la optimización de los espacios para tales efectos y de los recursos humanos y financieros, del liderazgo que puedan asumir -a la luz de la legislación vigente- los alcaldes y las estructuras municipales, se pueden constituir movimientos y formular políticas culturales trascendentes que se transformen en un pilar más del desarrollo local y regional.
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domingo, 1 de diciembre de 2013

Director de El Puerto Libre gana segundo lugar nacional en concurso de cuentos cortos “La diversidad cuenta”

Personas de 24 ciudades participaron en el primer concurso de cuentos cortos sobre diversidad sexual. El jurado compuesto por los/as escritores/as Alejandra Costamagna, Carmen García, Carlos Iturra y José Ignacio Valenzuela (El Chascas) distinguió con el primer lugar a “Descubrimiento”, cuento escrito en Santiago, mientras que el segundo, el tercer puesto y la mención honrosa fueron para relatos provenientes de Arica, Concepción y Valparaíso, en forma respectiva. “Descubrimiento” es el título del relato que ganó la primera versión de “La Diversidad Cuenta”, un concurso organizado por el Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh) con el patrocinio de variadas librerías, bibliotecas, editoriales y municipalidades y donde compitieron 170 cuentos de 24 ciudades el país. El texto que relata la vida en pareja, los sueños y los cambios culturales fue escrito por Rodrigo Costas, de Providencia, siendo seleccionado como ganador por un jurado que integraron los/as escritores/as Alejandra Costamagna, Carmen García, Carlos Iturra y José Ignacio Valenzuela (El Chascas). El segundo lugar quedó en manos de “Los hombres no lloran”, de Patricio Barrios (Arica), mientras que el tercero fue para “La puerta acallada” de Cecilia Ananias (Concepción). La mención honrosa se la llevó el relato “De lo gay a lo pedagógico”, de Romina Castro (Valparaíso). En el primer concurso de cuentos cortos sobre la diversidad sexual compitieron 170 relatos procedentes de Valparaíso, Concepción, Antofagasta, Rancagua, Talca, Mejillones, Puerto Montt, Hualpén, Villarica, San Pedro de Atacama, Quillota, Temuco, Zapallar, Yumbel, La Serena, Cauquenes, Viña del Mar, Quilpué, Arica, Coquimbo, Copiapó, Chillán, Punta Arenas y Santiago. “Estamos muy contentos por la alta participación en el concurso. Cada uno de los participantes demostró un valioso y hermoso interés por promover cambios favorables a la diversidad desde la literatura”, dijo el activista del Movilh y organizador de la actividad, Eduardo Ubilla, tras precisar que los premios para todos los lugares fueron colecciones de libros. Añadió que “especial es nuestro agradecimiento para cada uno de los integrantes del jurado, que desempeñaron un noble labor, contribuyendo con su experiencia y talento a seleccionar a los ganadores, en forma absolutamente voluntaria y gratuita. Esta entrega nos emociona”, puntualizó Ubilla El concurso fue patrocinado por la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, la Biblioteca de Santiago, Plagio, Liberalia Ediciones, Lom Ediciones, Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas, Prosa Política, Ilustre Municipalidad de Santiago e Ilustre Municipalidad de Providencia.
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domingo, 29 de julio de 2012

En torno a “Vuelos y aterrizajes”, de Alfonso Freire

El viernes 27 de julio, en dependencias de la consultora Ariaka, ubicada en el segundo piso de Esmeralda N° 1034, el destacado escritor valdiviano, Alfonso Freire, realizó el lanzamiento de su último libro de poemas, “Vuelos y aterrizajes”, en la ciudad de Arica.

En un grato ambiente, que contó con la participación musical de Carolina Videla y Braulio Zavala, se abordaron temas literarios y de derechos humanos.

Fui invitado a presentar el libro. Éstas fueron mis palabras: 

Tranquilo estaba –lamiendo un par de heridas (que no apuro su cicatrización) y revisando algunos textos para terminar mi último trabajo ensayístico, “De lo simbólico a lo explícito y de vez en vez al revés”- cuando la Videla, después de sortear a unos nisécuantos acreedores, logró lanzar las volutas de humo necesarias para comunicarme, avisarme, transmitirme que “colorín, colorado, mi tranquilidad se había acabado”.

Claro. Que a uno le endilguen la responsabilidad literaria de hablar de la literaria responsabilidad de otro no deja de ser un problema más que mayúsculo. Y más aún, cuando mayúscula es la obra del obrero escribidor.

Y como atrasado alumno –no retrasado, por favor- de la virtual información del internet, escribí en google –o gugl, para los más flemáticos- “Alfonso Freire” y me apareció una “chorrera” –como decía mi abuela Francisca- de datos y más datos, actividades y más actividades, de un escritor que había publicado once libros y aparecido en seis antologías, pero que, además de escritor, era cineasta, y conferencista, y que había recibido premios y reconocimientos, y que había nacido frente a esa abundancia de flores que, en mapudungún, se dice “calle-calle”…

Estoy en problemas, le comenté a mi madre que se había arrancado un ratito para preguntar por el Clod… me miró –con un sonriente gesto censor- y con agilidad de antaño se alejó rauda a formar parte de la energía que mueve todas la cosas.

Pero cuando logré tener en mis manos las 113 páginas del último libro del valdiviano poeta, la preocupación sobre el superlativo problema, se transformó en un superlativo placer para los sentidos, para la memoria, para la construcción de los mañanas necesarios y correspondientes. Absorto en las páginas –y disfrutando- las distancias, las ausencias, las esperanzas que Alfonso Freire nos refiere a través de un sinnúmero de vuelos y de aterrizajes –de ires y venires- reparé que no estaba leyendo sino que estaba viendo, que estaba observando lo que el poeta estaba proponiendo, lo que el poeta estaba evidenciando… porque este poeta del Calle-Calle, este poeta de Chile, este poeta de América, este poeta de Noruega, este poeta de ya sin cuenta vuelos y de aterrizajes construye las imágenes precisas para recuperar el antiguo “don”, esa maravilla de la reciprocidad que nos convoca y nos provoca al dar, al recibir y al devolver.

¿Qué es primero en Freire? ¿El poeta? ¿El cineasta? ¡Qué importa si es capaz de traspasar lo propio, lo singular, a la otredad, al próximo, al prójimo y construir, en la colectividad y la complicidad, el nosotros ineludible!

La distancia y la memoria –más que la ausencia- son una constante en la poesía de Alfonso Freire, porque asume que la falta de la materialidad de lo otro es un tema de ser y de estar y, sin duda alguna, se puede ser aún sin la presencialidad corpórea, porque la memoria lo reconstruye absolutamente todo… y lo afirma en un par de versos, como por ejemplo, de “Debajo de la lluvia”: “…sigo buscándote debajo de la espera / con la misma ropa de nuestra despedida”.

O en su “Sobre vuelo” que, de una u otra manera, es el triunfo absoluto de la memoria: “…Mi casa silenciosa / abre sus brazos al divisarme. / Juntos recordamos / nuestras infancias”.

Pero no hay memoria sin identidad y sin sentido de pertenencia, de pertenencia a un territorio no necesariamente físico. Permítame el autor y ustedes leer un poema completo, Puesto 52:

Qué sería de este mercado / sin lenguas de tanta gente / que provoca los mares / en este puerto enardecido? Levantando mi copa / saludo a los residentes de esta catedral / y al cerrar nuestros ojos encontrados / nos damos cuenta / que somos devotos insobornables / del Puesto 52 / y embarcaciones amigas.

Y la distancia aparece y reaparece… , pero siempre, también, la memoria: “Detrás del mar / están los amigos / que ya vienen para contarnos sus historias / nosotros”.

Al leer/ver los poemas de Freire recordé un grafitti que veo/leo en mi propio vuelo/aterrizaje de la compra del pan nuestro de cada día, rotundo, clarísimo, potente: “Si no existe la memoria todo lo nuestro es suicida”.

Estoy de acuerdo. Sólo la memoria –y el aprendizaje permanente en la construcción del futuro- es capaz de provocar vida. Sólo la memoria permite los vuelos al mañana, sin espera, sin aeropuertos… “En el aeropuerto / pájaros surcan un mundo en tránsito / que no puede volar…”, dice Freire.

Porque en este mundo en tránsito –en nuestro caso, estacionado entre el poder y la ambición- “la bandera tambalea / en el mástil / del puente ciudadano…”, como certeramente apunta Alfonso Freire… afortunadamente, en el mástil del puente ciudadano.

Sabe que nuestro vuelo, indefectiblemente, debe tener el aterrizaje correspondiente en la verdad y en la memoria: “…llegaré / te llames como te llames / y serás mi antorcha tantas veces apagada / que iluminará a tantos navegantes / que habitan mi cabeza maltratada”.

Debo concluir –estoy hablando demasiado- expresando mis agradecimientos al poeta, a quienes hacen posible esta ocasión, a quienes me invitaron a participar en esta fiesta de la palabra, fiesta del verso, a esta fiesta de la imagen, de la memoria, del concepto –porque la poesía de Alfonso Freire es de una conceptualidad increíble-, a esta fiesta de la identidad y de la pertenencia en la amorosa convicción de que es posible construir en comunidad…

Porque, a pesar de todo: “Menos mal que me besabas / cuando me tragaba el mar / así pude salir a flote / entre tus labios”.


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domingo, 8 de julio de 2012

¡Y que fue, y que fue... aquí estamos otra vez...!

Si se pone atención a mis dos últimas publicaciones podría inferirse que escribo algo una vez al año. Bueno, en realidad escribo bastante más que eso, pero no me he dado el tiempo ni el espacio para publicar en este blog con el que acabo de reencontrarme. Cuento rápidamente mis actuales y próximos proyectos: Estoy dirigiendo un diario online (www.elpuertolibre.cl) que espero vea la luz sobre papel a fines de julio o comienzo de agosto); preocupándome de los contenidos y de las formas de una página web que recomiendo (www.memoriaregional.cl), que busca concentrar la mayor cantidad de material sonoro, audiovisual, documental y gráfico que esté vinculado a la construcción de identidad y sentido de pertenencia en la región de Arica y Parinacota; preparando la cuarta edición de "Chinchorro: los que llegaron para no morir"; tratando de terminar la corrección de uno de mis libros inéditos que pretende ser un aporte a la representación de Cultura Tradicional: "De lo simbólico a lo explícito (y de vez en vez al revés)"; programando el primer libro en conjunto con mi hija Lenina -antropóloga social- con parte de sus textos y parte de los míos vinculados a temas de la disciplina: "En el nombre del padre y de la hija" (lindo nombre ¿no?); y ordenándome para terminar de escribir mi novela "La historia real y verdadera de Ildefonso Cárdenas (y del pianista que le enseño amar lo inamable)"... muchos proyectos, mucho trabajo... y, sobre todo, muchas ganas de seguir escribiendo... aunque el fantasma de la pintura me persigue desde hace semanas, insistiéndome que me debo dar un tiempo, un descanso, una inflexión -lo que sea, me dice- para volver a pintar y exponer... quizás...
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domingo, 26 de febrero de 2012

Manuel García: cuando el sentido de pertenencia y el proyecto de futuro son protagonistas permanentes


En medio de su presentación en la Quinta Vergara, el cantautor ariqueño, Manuel García, leyó un manifiesto escrito en papel en el que destacó su origen ariqueño y expresó su deseo de reunirse “prontamente” con el Presidente Sebastián Piñera.

No podía ser de otra manera. Por un lado, el artista se incluye en un proyecto de sociedad en el cual es fundamental reconocerse en el territorio y desarrollar un sentido de pertenencia que permita construir el futuro desde la propia historia y, por otra parte, ese mismo proyecto de sociedad, contiene -como forma de permanencia y trascendencia- la solidaridad, la justicia, la libertad.

Desde algunos sectores conservadores y "puristas" en la defensa de un Festival adormecedor de conciencias, se le ha criticado el uso del espacio para enarbolar su demanda "política"... es que para esos sectores la solidaridad, la justicia y la libertad tienen connotación política.

Y hay algo más que decirle a los "funcionales" y funcionarios del gobierno: Manuel García en ningún momento habló con agresividad. Por el contrario, para realizar su discurso se ubica en la posición de un ciudadano común y corriente que, reconociendo la constitucionalidad de la figura presidencial -y con un profundo respeto a la institución democrática- le habla a la persona que representa a la primera magistratura del país:

“Si hace años yo hubiera dicho, que un día iba a estar cantando en la Quinta Vergara; me hubieran tomado por loco, pues vengo de un lugar muy lejano llamado “Cerro la Cruz” de mi querida Arica.
Soy una persona con suerte por estar aquí, soy alguien a quien los sueños se le cumplen. Ahora soñaré poder hablar, prontamente, con el Presidente de la República para contarle, con respeto y con cariño, que la gente lo está pasando mal en Cabildo, en Dichato, en Aysén. Los niños mapuche lo están pasando mal en Temuco, y que los estudiantes no lo dejarán dormir si usted no nos deja soñar”, señaló antes de interpretar el tema “Piedra negra”.

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